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| Bella María Theotokos |
Bendiciones…
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| Bella María Theotokos |
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| Bella María de Guadalupe Madre del Verdadero Dios por quien se vive y Madre Nuestra |
Gracias Juan Pablo II por enseñarnos a conocer más de Jesús y a la Bella Theotokos
para amarlos y confiar más en ellos
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¡Oh noble Virgen, verdaderamente tú eres grande por encima de toda grandeza! ¿Pues quién pudiera igualar tu grandeza, morada del Verbo de Dios?
¿Entre todas las criaturas, con quién te compararía, Oh Virgen? Nosotros te consideramos más grande que todas juntas.
¿Te compararía con la tierra y sus frutos? Tú los superas.
Si digo que los ángeles de Dios y los arcángeles son grandes, tú eres más grande que todos ellos, pues los ángeles y los arcángeles le sirven a Quien habita en tu seno.
Bendiciones…
La Bella María "dio a la luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre" (Lc. 2, 7).
He aquí el icono de la Navidad: un recién nacido frágil, que las manos de una Mujer envuelven con ropas pobres y acuestan en el pesebre.
¿Quién puede pensar que ese pequeño ser humano es el "Hijo del Altísimo"? (Lc. 1, 32). Sólo Ella, su Madre, conoce la Verdad y guarda su Misterio.
En esta noche también nosotros podemos "pasar" a través de su mirada, para reconocer en este Niño el rostro humano de Dios. También para nosotros, hombres del tercer milenio, es posible encontrar a Cristo y contemplarlo con los ojos de la Bella María.
La noche de Navidad se convierte así en escuela de Fe y Vida.
Parte de la Homilía de Navidad 2003 de S.S Juan Pablo II
Bendiciones…
La Luz, el Amor, la Paz de Jesús y de la Bella María
están en ustedes en Navidad y siempre
Como a Abraham, también a María se le pide que diga "sí" a algo que nunca antes había sucedido. Sara es la primera de las mujeres estériles de la Biblia que concibe por el poder de Dios, del mismo modo que Isabel será la última. Gabriel habla de Isabel para tranquilizar a María: "Ahí tienes a tu parienta Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo" (Lc1, 36).
Como Abraham, también María debe caminar en la oscuridad, confiando plenamente en Aquel que la ha llamado. Sin embargo, incluso su pregunta: "¿Cómo será eso?", sugiere que María está dispuesta a decir "sí", a pesar de su temor y de su incertidumbre. María no pregunta si la promesa es posible, sino únicamente cómo se cumplirá.
Por eso, no nos sorprende que finalmente pronuncie su "sí":
"He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lc. 1, 38).
Con estas palabras, María se presenta como verdadera hija de Abraham, y se convierte en Madre de Cristo y en Madre de todos los creyentes.
Juan-Pablo II
Homilía del 25 de marzo, 2000 en Nazaret
Bendiciones…
| Nuestra peregrinación jubilar ha sido un viaje espiritual, que empezó siguiendo los pasos de Abraham, "nuestro padre en la Fe" (Canon romano; Rom. 4, 11-12). |
Este viaje nos ha traído hoy a Nazaret, donde nos encontramos con María, la hija más auténtica de Abraham. María, más que cualquier otra persona, puede enseñarnos lo que significa vivir la Fe de "nuestro padre". En muchos aspectos, María es claramente diferente de Abraham; sin embargo, de un modo más profundo, "el amigo de Dios" (Is. 41, 8) y la joven de Nazaret son muy parecidos.
Dios hace a ambos una maravillosa promesa. Abraham se convertiría en padre de un hijo, de quien nacería una gran nación. María se convertiría en Madre de un Hijo que sería el Mesías, el Ungido. Gabriel le dice: "Concebirás en tu vientre y darás a luz un Hijo. (...) El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, (...) y su Reino no tendrá fin" (Lc. 1, 31-33).
Tanto para Abraham como para María la promesa Divina es algo completamente inesperado. Dios altera el curso diario de su vida, modificando los ritmos establecidos y las expectativas comunes. Tanto a Abraham como a María la promesa les parece imposible. La mujer de Abraham, Sara, era estéril, y María no estaba aún casada: "¿Cómo será eso -pregunta-, pues no conozco varón?" (Lc. 1, 34).
Juan-Pablo II
Homilía del 25 de marzo 2000 en Nazaret
Bendiciones…
Estás en nuestro corazón S.S Juan Pablo II
México siempre Fiel
Como ya advertían los Padres de la Iglesia, esta presencia de la Virgen es significativa: "No se puede hablar de Iglesia si no está presente María, la Madre del Señor, con los hermanos de éste".
Y así, cada vez que nace la Iglesia en un país, como se puede apreciar en este continente, de México hasta Chile y Argentina, pasando por el istmo centroamericano, o la Madre de Dios se hace presente de una forma singular, como en Guadalupe, o los seguidores de Jesús reclaman su presencia y dedican templos a su culto, para que la Iglesia tenga siempre la presencia de la Madre, que es garantía de fraternidad y de acogida del Espíritu Santo.
En María se realiza plenamente el Evangelio. Nuestra Señora es miembro excelentísimo, tipo y ejemplar acabado para la Iglesia (Lumen Gentium, 53). Ella es la primera cristiana, Anuncio y Don de Jesucristo su Hijo, plenitud de las bienaventuranzas, Imagen perfecta del Discípulo de Jesús.
Porque es una síntesis del Evangelio de Jesús, por eso se la reconoce en vuestros pueblos como Madre y educadora de la Fe; se la invoca en medio de las luchas y fatigas que comporta la fidelidad al Mensaje cristiano; es Ella la Madre que convoca a todos sus hijos - por encima de las diferencias que los puedan separar - a sentirse cobijados en un mismo hogar, reunidos en torno a la misma mesa de la Palabra y de la Eucaristía.
Homilía de Juan Pablo II: Santuario de N. S. de Suyapa,
Tegucigalpa, 08/03/1983
Bendiciones…
Te recordamos siempre
México, siempre fiel
La Misión Maternal de María hacia los hombres de ninguna manera oscurece ni disminuye esta única mediación de Cristo, sino mas bien muestra su eficacia.
Esta función Materna brota, según el beneplácito de Dios, de la superabundancia de los Méritos de Cristo... de ella depende totalmente y de la misma saca toda su virtud."
S.S Juan Pablo II
Encíclica Redemptoris Mater
(Madre del Redentor) #22
Fuente: Siervas de los Corazones
traspasados de Jesús y de María
Bendiciones…
Juan Pablo II te quiere todo el mundo
y
te llevamos en el corazón
18 mayo 1920 – 2 abril 2005
«¡No tengáis miedo!», decía Cristo a los apóstoles (Lucas 24,36) y a las mujeres (Mateo 28,10) después de la Resurrección. En los textos evangélicos no consta que la Señora haya sido destinataria de esta recomendación; fuerte en Su Fe, Ella «no tuvo miedo».
El modo en que María participa en la victoria de Cristo yo lo he conocido sobre todo por la experiencia de mi nación. De boca del cardenal Stefan Wyszynski sabía también que su predecesor, el cardenal August Hlond, al morir, pronunció estas significativas palabras: «La victoria, si llega, llegará por medio de María.» Durante mi ministerio pastoral en Polonia, fui testigo del modo en que aquellas palabras se iban realizando.
Al ser elegido Papa, mientras entraba en los problemas de la Iglesia, llevaba en mí una convicción semejante: que también en esta dimensión universal, la victoria, si llega, será alcanzada por María. Cristo vencerá por medio de Ella, porque Él quiere que las victorias de la Iglesia en el mundo contemporáneo y en el mundo del futuro estén unidas a Ella.
S.S. Juan Pablo II
«Cruzando el umbral de la Esperanza»
Bendiciones...
¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.
Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todo nuestro ser y todo nuestro Amor.
Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y Madre Nuestra.
Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa.
Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos los Obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos de intensa vida cristiana, de Amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.
Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de Santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorga abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la Fe, y celosos dispensadores de los Misterios de Dios. Concede a nuestros hogares la Gracia de amar y de respetar la vida que comienza, con el mismo Amor con el que concebiste en tu seno la vida del Hijo de Dios.
Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias, para que estén siempre muy unidas, y bendice la educación de nuestros hijos.
Esperanza nuestra, míranos con compasión, enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos a levantarnos, a volver a Él, mediante la confesión de nuestras culpas y pecados en el Sacramento de la Penitencia, que trae sosiego al alma.
Te suplicamos, que nos concedas un Amor muy grande a todos los Santos Sacramentos, que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra.
Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia, con nuestros corazones libres de mal y de odios podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz, que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre y con el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén
S.S. Juan Pablo II
Primera visita a México, enero, 1979
Que la 'Madre del Verdadero Dios por quien se vive' nos lleve de la Mano al Padre, a Jesús en el Espíritu Santo.
Bendiciones...
El 6 de agosto de 1944, festividad Litúrgica de la Transfiguración, permanecerá en Cracovia como el « domingo negro »: la Gestapo barre la ciudad y detiene a los jóvenes para impedir que se repita el alzamiento de Varsovia.
El arzobispo Sapieha convoca inmediatamente a sus seminaristas clandestinos con la intención de esconderlos en su residencia. (...) Cuando llega al lugar, Malinski pregunta