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A Jesús por la Bella María

A Jesús por la Bella María

Hermosa María de Tlaltenango Patrona de la ciudad de Cuernavaca, Morelos, México

Hermosa María de Tlaltenango Patrona de la ciudad de Cuernavaca, Morelos, México
Su fiesta es el 8 de septiembre
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domingo, noviembre 27, 2011

Bella María del Adviento

Bella María, en este camino de Adviento, llévanos de la Mano a Jesús,
Hijo del Padre e Hijo tuyo

Virgen del Adviento,
Esperanza nuestra,
de Jesús la Aurora,
del Cielo la puerta.
Madre de los hombres,
de la mar estrella,
llévanos a Cristo,
dános sus promesas.

Eres Virgen Madre,
la de Gracia Llena,
del Señor la Esclava,
del mundo la Reina.
Alza nuestros ojos
hacia tu Belleza,
guía nuestros pasos
a la Vida Eterna.
Amén.



 
 
Feliz Primer domingo de Adviento

Bendiciones…

sábado, diciembre 22, 2007

La Bella María en el corazón de la espera de Israel

« V He aquí que una doncella está en cinta y va a dar a luz un hijo» (Is 7,14).
Los santos y los místicos son también unánimes en decir que la Virgen, modesta, no hubiese imaginado jamás que Ella podía ser la Madre del Salvador. Sin embargo, ese era el gran signo sobre la venida del Mesías, anunciada por el profeta Isaías: «Pues bien el Señor mismo va a daros una señal; he aquí que una doncella está en cinta y va a dar a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel.» (Is 7,14). El texto hebreo habla de una joven y la traducción griega de una « virgen » pero se olvida a menudo la importante traducción del arameo que los judíos consideran como canónica e incluso más fiable que la traducción griega. Esta traducción a la "lengua de los hombres" que el Talmud pone en relación directa con el texto hebreo "lengua de Dios" para mejor comprenderle, usa en la profecía de Isaías un término preciso que designa a "una joven comprometida y todavía no casada." Al convertirse en Madre de ese niño, María deviene la "Ciudad del gran Rey" que Dios habita y protege. En Ella: « generación tras generación manifestará su alegría y el nombre del Elegido vivirá a través de las generaciones futuras.» (Tb 13,11).
Bendiciones…

viernes, diciembre 14, 2007

La Bella María Llena de Gracia II

Por: Thalia Ehrlich Garduño
La acción de Dios es una sorpresa en el caso de la Virgen María.
v La Bella María no tiene ningún título humano para recibir el anuncio de la venida del Mesías.
v Ella no es el Sumo sacerdote, representante oficial de la religión judía, La Hermosa María no es un hombre, sino una Doncella sin influencia en la sociedad de su época.
v Además, Ella es de Nazaret, pueblo del que no se habla en el Antiguo Testamento y en el tiempo de Jesús y de su Madre María, no tenía buena fama, como lo leemos en el Evangelio donde Natanael dice: “¿De Nazaret puede salir algo bueno? (Jn. 1,46).
El carácter extraordinario y gratuito de la intervención de Dios, resulta más claro si se compara con el texto que escribió Lucas, que se refiere a Zacarías.
Este pasaje hace notar la condición sacerdotal de Zacarías y el ejemplo de vida de él y de Isabel, modelos de justos del Antiguo Testamento. “Vivian de acuerdo a todos los Mandamientos y leyes del Señor” (Lc. 1,6).
En cambio, el Evangelio no menciona el origen de la Doncella de Nazaret.
Con esta acción literaria, Lucas recalca que en Ella todo deriva de una Gracia soberana. Cuanto le ha sido concedido no proviene de un título de mérito, sino únicamente de la libre y gratuita predilección de Dios.
Al actuar así, Lucas evidentemente no desea poner en duda el excelso valor personal de la Virgen.
Más bien, quiere presentar a la Bella María como fruto puro de la bondad de Dios, quien tomó de tal manera posesión de Ella, que la hizo, como dice el Ángel, “Llena de Gracia.” La abundancia de Gracia funda la riqueza espiritual que atesora la Bella Doncella.
En el Antiguo Testamento, Yahvéh revela la sobreabundancia de su Amor en muchas maneras.
En el principio del Nuevo Testamento, en la Bella María la gratitud de la Misericordia Divina alcanza su grado más alto.
En Ella, la predilección de Dios, que se ha manifestado en el pueblo escogido, en particular a los humildes y a los pobres, llega a su culmen.
La Iglesia, alimentada por la Palabra del Señor y por la experiencia de los santos, exhorta a cada creyente a mirar a Theotokos* para sentirse con ella amados por Dios.
Los invita a imitarla siguiendo su ejemplo y por su intercesión, puedan perseverar en la Gracia de Dios que santifica y cambia los corazones.
*Madre de Dios.
Bendiciones…

jueves, diciembre 13, 2007

La Bella María Llena de Gracia I

Por: Thalia Ehrlich Garduño

En el relato de la Anunciación, la primera palabra que dice el Ángel cuando saluda a la Bella María: ‘Alegrate’ invita a la alegría que remite a los oráculos del Antiguo Testamento dirigidos a la hija de Sión. Se puede explicar también los motivos en los que se funda esta invitación: v La presencia de Dios en medio de su pueblo v La venida del Rey Mesías v Y la fecundidad Materna
Estos motivos encuentran en María su pleno cumplimiento. El ángel Gabriel dirigiéndose a la Doncella de Nazaret, después del saludo (Xaire, Alégrate) la llama (Kexaritomene) “La Llena de Gracia.”
Estas palabras del texto griego Xaire y Kexaritomene tienen una profunda conexión entre sí: la Hermosa María es invitada a alegrarse sobre todo porque Dios la ama y la ha colmado de Gracia con vistas a la Maternidad Divina.
La Fe de la Iglesia y la experiencia de los santos enseñan que la Gracia es la fuente de alegría y que la verdadera alegría viene de Dios. En María, como en cada cristiano, el Don Divino es causa de profundo Gozo. Kexaritomene: Esta palabra dirigida a la Bella María como una calificación propia de la Mujer destinada a convertirse en la Madre de Dios.
La constitución Lumen Gentium lo recuerda cuando afirma: “La Virgen de Nazaret es saludada por el Ángel de la Anunciación por encargo de Dios, como “Llena de Gracia” (56). El hecho de que el Mensajero Celestial la llame así concede al saludo del Ángel un valor más alto: es la manifestación del Misterioso Plan Salvífico de Dios con relación a la Doncella de Nazaret. La Encíclica Redemptoris Mater escrita por S.S. Juan Pablo II, dice: “La Plenitud de Gracia indica la dadiva sobrenatural de la que se beneficia María porque ha sido elegida y destinada a ser Madre de Cristo” (9).
“Llena de Gracia” es el nombre que la Hermosa María tiene a los ojos de Dios. Al leer la narración de Lucas, el Ángel lo usa incluso antes de pronunciar el nombre de María, poniendo en relieve el aspecto principal que el Señor ve en la personalidad de la Bella Doncella de Nazaret.

La expresión “Llena de Gracia” traduce la palabra Kexaritomene, la cual es participio pasivo. Así pues, para expresar con más exactitud el matiz griego, no se debería decir simplemente “Llena de Gracia”, sino “Hecha de Gracia” o “Colmada de Gracia”, lo cual indicaría claramente que se trata de un Don hecho por Dios a la Virgen María. El término en la en la forma de participio perfecto, expresa la imagen de una Gracia perfecta y duradera que implica Plenitud. El mismo verbo, en el significado de “Colmar de Gracia”, es usado en la carta a los Efesios para indicar abundancia de Gracia que concede el Padre en su Hijo amado (Efe. 1,6). María la recibe como primicia de la Redención (Redemptoris Mater, 10).
La acción de Dios es una sorpresa en el caso de la Virgen María.
(Catequesis del Papa Juan Pablo II, 8 mayo, 1996)
Continuará…
Bendiciones…

lunes, diciembre 10, 2007

Una espera única en el mundo VI

El niño maravilloso anunciado por la Sibila de Cumas.
En tiempos de la Virgen, la espera de los romanos podía también venir del oráculo citado por Virgilio en la cuarta Égloga de sus “Bucólicas”:
« He aquí los últimos tiempos marcados por el oráculo de la Sibila de Cumas: la larga serie de siglos recomienza. He aquí que se ve venir una Virgen, y el reino de Saturno.
Del cielo vendrá una raza nueva. Un niño que nacerá bajo el reino del Emperador Augusto eliminará la generación de hierro y vendrá para el mundo entero la generación del oro ».
La Virgen María, sobre quien descenderá el Hijo de Dios, no conocía seguramente ese oráculo, pero Jesús que ha nacido bajo el reino del Emperador Augusto ha transformado el hierro de la opresión, en el Amor que simboliza el oro.
Y en varios santuarios del mundo (como Longpont, Nogent/Coucy, Chartres), se veneraba, desde antes de Cristo, la “Virgini Pariturae”: la Virgen parturienta.
«Hipótesis sobre Jesús»
de Vittorio Messori, Mame, 1978, p.90
Bendiciones…

domingo, diciembre 09, 2007

Una espera única en el mundo V

En tiempos de la Virgen, los judíos esperaban su misterioso Cristo. Pero lo más sorprendente es descubrir que en ese tiempo precisamente, los otros pueblos también vivían en la espera. Tenemos testimonios indudables y precisos sobre la espera universal de Alguien que debía venir de Judea.
Dos de los más grandes historiadores latinos, Tácito y Suetonio, nos dicen cómo los romanos vivían en efervescencia hacia el siglo que ahora conocemos como el « primero después de Cristo ».

Tácito escribe en « Historiae »: « La mayoría estaba persuadida que en los antiguos libros de los sacerdotes, estaba escrito que, hacia ese tiempo, el Oriente crecería en poder y que los dominadores del mundo vendrían de Judea. »

Suetonio, señala en la “Vida de Vespasiano”: « En todo el Oriente, una idea ganaba terreno: la opinión constante y muy antigua, según la cual estaba escrito en el destino de la humanidad que de Judea vendrían por ese tiempo los dominadores del mundo. »

Esos dos historiadores escribieron a finales del primer siglo e inicios del segundo, sin conocer el triunfo, todavía por llegar, de Ese que un día sería el « dominador » de Occidente.

«Hipótesis sobre Jesús »

de Vittorio Messori, Mame, 1978, p.90

Bendiciones…

viernes, diciembre 07, 2007

Una espera única en el mundo IV

La sorprendente profecía de Setenta septenarios.
El profeta Daniel precisa de manera sorprendente los tiempos de la venida del Mesías con la profecía de los 70 septenarios. Ese famoso pasaje del capítulo 9 de Daniel comienza así: « Setenta septenarios han sido establecidos para tu pueblo y tu ciudad santa, para interrumpir la perversidad, poner término al pecado, absolver la culpa y traer la justicia eterna, sellar visión y profecía y ungir al Santo entre los Santos. »
El nuevo mundo vendrá cuando Cristo haya « sido ungido ». Entonces, terminarán las visiones de los profetas. Todo esto sucederá después de «70 septenarios ». Esta indicación temporal, la única de todo el Antiguo Testamento, jamás suscitó polémicas excesivas entre los intérpretes. Es claro que se trata de septenarios, es decir, de periodos de siete años, y que anuncia la venida del Mesías al cabo de 490 años. Pero, ¿a partir de cuándo se debe comenzar a contarlos? «
A partir del nacimiento de una palabra en vista de la reconstrucción de Jerusalén » después del exilio a Babilonia, según el texto bíblico. Algunos calculaban a partir del decreto de Artajerjes, en 458 antes de Cristo, otros a partir de Ciro, en 538, desde la liberación de Israel, algunos en años solares, otros en años lunares. El descubrimiento de los pergaminos, en el 1er siglo antes de nuestra era, encontrados en Qûmran muestran que la comunidad que ahí vivía se preocupaba de los signos de los tiempos y que también se apoyaba en la profecía de los «70 septenarios ».
Se había calculado que los tiempos del Mesías debían comenzar en el 26 antes de Cristo y en esa espera se retiraron al desierto. Se dio un pequeño « error » de 20 años en sus cálculos, pero como dice Hugo Schonfield, « hoy vemos hasta qué punto, Jesús podía proclamar al emprender su misión: « El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca » (Mc 1,15).
«Hipótesis sobre Jesús »
de Vittorio Messori, Mame, 1978, p.89-90
Bendiciones…

martes, diciembre 04, 2007

Una espera única en el mundo III

« En tiempos de esos reyes, Dios creará un reino que jamás será destruido »
La segunda profecía importante que evoca el momento de la venida del Mesías figura en el Antiguo Testamento, en el libro de Daniel, el cual ya en tiempos de la Virgen era leído bajo su forma actual, desde hacía dos siglos.
En el capítulo 2, el del sueño de Nabucodonosor, el rey ve una piedra que rompe una gran estatua de oro, de plata, de bronce, de hierro y de arcilla mezcladas.
El rey no consigue dormir hasta que Daniel le da su interpretación: « Después de ti vendrá otro reino, inferior a ti, y un tercero de bronce que dominará la tierra entera. Luego, habrá un cuarto, duro como el hierro, (…) que reducirá a polvo y terminará con todos. (…)
Este será dividido, una parte en hierro y otra en arcilla. (…) En tiempos de esos reyes, Dios creará un reino que jamás será destruido, y ese reino no pasará a otro pueblo; él destruirá y eliminará todos esos reinos, y subsistirá para siempre (…). El Dios del Cielo ha dado a conocer al rey lo que deberá suceder. Este es el sueño y su interpretación verdadera.» (Dn 2,39-45).
Ahora bien, después de Nabucodonosor llegaron los persas ayudados por les medas, luego los griegos que dominaron toda la tierra bajo el mando de Alejandro, después los romanos quienes con el hierro redujeron a todos sus adversarios, antes que Israel no fuese dividido entre el hierro de Roma y la arcilla de Herodes.
La piedra que rompe la estatua devendrá una gran montaña que cubrirá toda la tierra. La humilde Virgen del Señor pudo quizás imaginarse la modestia de los inicios del reino mesiánico que « jamás será destruido y sobrevivirá por la eternidad.»
«Hipótesis sobre Jesús »
de Vittorio Messori, Mame, 1978, p.84
Bendiciones…

lunes, diciembre 03, 2007

Una espera única en el mundo II

« El cetro no se alejará de Judá, antes de que venga Ese, a quien le pertenece »
La primera de las profecías que evoca el momento de la venida del Mesías está en el Génesis, (Gn 49,1-10), cuando Jacobo, nacido de Isaac, bendice a su hijo antes de morir. «Reuníos para que os anuncie lo que os espera en el futuro.» Y prosigue: « El cetro no se alejará de Judá, hasta que venga Ese a quien le pertenece, a quien los pueblos deben obediencia. » Ese pasaje, que siempre fue escuchado por los exégetas de Israel con un sentido mesiánico, cobra un actualidad nueva en tiempos de la Virgen, después que Herodes I fue nombrado rey de Judea poniendo fin a la dinastía judía asmonea.
Los judíos de Israel serán a partir de entonces regidos por un rey edomita, hijo de una mujer nabatea, salida de una tribu árabe y amigo de los romanos, aunque oficialmente se convirtió al judaísmo. La Judea se convierte entonces en una provincia vasalla de Roma y lo será hasta la destrucción de Jerusalén en el 70 después de Cristo.
Cuando Octavio confirma a Herodes I el título de rey de Judea, de Samaria, de Idumea y de Galilea, ofreciéndole la planicie del Golán y los pueblos de la costa del Mediterráneo que debió haberle dado a Cleopatra, Jerusalén fue sacudida por un terremoto que causó 10.000 víctimas. Con la llegada de Herodes I la autoridad pasa a los romanos y el signo mesiánico se cumple, pues el cetro se aleja definitivamente de Judá. A tal punto que los judíos responderán a Pilatos, durante el proceso de Cristo: « No tenemos otro rey que César. »(Jn 19,15).
Hipótesis sobre Jesús » de Vittorio Messori, Mame, 1978 p50, 82
Y las Crónicas Universales del calendario Hebraico, años 3625 y 3630
Bendiciones...

domingo, diciembre 02, 2007

Una espera única en el mundo I

En la época en que vivió la Virgen, todo Israel esperaba a Ese que debía llegar.
Cuando la Virgen María era pequeña, esperaba, como todo Israel, la llegada del Mesías, anunciado no solo por un profeta sino por una serie de hombres que completaban, a través de los siglos, sus predicciones.
Ella esperaba en medio de ese pequeño pueblo zarandeado por la historia, que había sobrevivido a las confrontaciones con los Imperios vecinos y que sería en el futuro el único pueblo que resistiría a la desaparición del mundo de la antigüedad, conservando intacta su identidad, con la certidumbre inquebrantable de ser instrumento de un destino eterno.
Todos buscaban en las Escrituras el momento de la venida del Mesías anunciado misteriosamente por los profetas. Y la espera de su realización se había vuelto fuerte y precisa, en ese periodo particular de la historia, en la que los historiadores registraron más de 100 candidatos a Mesías. «Como el pueblo estaba a la espera» (Lc 3, 15), cuando Juan Bautista apareció todos le preguntaban: « ¿Eres tú el que debe venir o debemos esperar a otro? » (Lc, 7, 19).
La situación era única y ese aspecto característico del cristianismo basta, piensan muchos especialistas, para situarlo completamente aparte en la historia religiosa de la humanidad.
« Hipótesis sobre Jesús » p. 47, 48, 51, 59
de Vittorio Messori, Mame, 1978
Bendiciones...