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| Sra. Lupita Garduño de Ehrlich |
¡Feliz día de las Mamás a todas!
Bendiciones..
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| Bella María Theotokos y Mamá Nuestra |
La Bella María recuerda a las mujeres de esta época lo valioso que es la maternidad, porque en este mundo moderno en muchas ocasiones no se da a este valor una importancia justa. En algunas ocasiones por la necesidad de que las mujeres tienen que trabajar para que su familia tenga lo necesario para vivir, además de que se piensa en un concepto equivocado de la libertad, que ve en el cuidado de los hijos un impedimento a la autonomía y a las posibilidades de la mujer, han hecho que significado de la maternidad no se vea claramente para el desarrollo de la personalidad de la mujer.
Viendo a la Doncella de Nazaret, llegamos a comprender el verdadero significado de la maternidad, que alcanza su valor más alto en el Plan de Salvación, gracias a Ella el hecho de ser madre no sólo permite a la personalidad femenina, orientada fundamentalmente hacia el Don de la vida, su pleno desarrollo, sino que también constituye una respuesta de Fe a la vocación propia de la mujer, que adquiere su valor más verdadero sólo a la luz de la Alianza con Dios (Mulieris dignitatem 19).
Si contemplamos a la Bella María muy atentamente, descubrimos en Ella el Modelo de Virginidad que se vive por el Reino. Virgen por excelencia, en su corazón maduró la idea de vivir de esta manera para alcanzar una intimidad muy profunda con Dios.
Mostrando a las mujeres llamadas a la castidad virginal el alto significado de esta vocación especial, la Bella María atrae su atención hacia la fecundidad espiritual que reviste en el Plan Divino: una maternidad de orden superior, una maternidad según el Espíritu (nº 21).
El corazón Materno de la Madre de Dios abierto a todas las debilidades humanas recuerda a todas las mujeres que su desarrollo requiere compromiso a favor de la Caridad. La mujer que es más sensible a los valores del corazón tiene siempre una gran capacidad de entrega personal.
Muchos en esta época proponen modelos muy egoístas para la afirmación de la personalidad de la mujer. La figura Santa e iluminada de la Madre de Nuestro Señor les demuestra que por la entrega y el olvido de sí por los demás se puede lograr la realización auténtica del Proyecto de Dios en su propia vida.
La presencia de la Hermosa María anima a cada mujer los sentimientos de Misericordia solidaridad con respecto a cada situación humana de dolor y suscita a querer aliviar las penas de quienes sufren: enfermos y cuantos necesiten ayuda.
Al tener un vínculo estrecho con la Bella María, cada mujer en cada época, representa con frecuencia la cercanía de Dios a las expectativas de bondad y ternura de la humanidad herida por el pecado y el odio, haciendo que el mundo responda con Amor a la violencia que existe en él.
Oración por Chile,
Bendiciones..
Por: Thalia Ehrlich Garduño
El papel que Dios da a la Bella María en el Plan de Salvación ilumina la vocación de cada una de las mujeres en la vida de la Iglesia y de la sociedad, definiendo su diferencia con relación al hombre.
En efecto, el Modelo de la Doncella de Nazaret muestra con claridad lo que es particular en la personalidad de la mujer.
En esta época, algunas corrientes del movimiento feminista, con el propósito de favorecer a la independencia de las mujeres, las han tratado de igualar en todo a los hombres. Pero la Voluntad de Dios como se manifiesta en el relato de la Creación, vemos que, aunque Él quiere que la mujer sea igual al hombre en dignidad y valor, de la misma manera afirma claramente su diferencia y su naturaleza particular.
La mujer no puede ser una copia del hombre pues Dios la doto de cualidades y privilegios propios, que conceden una característica autónoma, que en todo momento ha de promoverse y alentarse.
Estos privilegios y esta característica de la personalidad de la mujer han alcanzado su desarrollo en la Hermosa María. De este modo, la plenitud de la Gracia Divina la favoreció en todas sus capacidades naturales de la mujer.
El papel de la Bella María depende plenamente del de Cristo. Se trata de una función única para que se realice el Misterio de la Encarnación, la Maternidad de la Doncella de Nazaret era necesaria para dar al mundo el Salvador, verdadero Dios, verdadero Hombre.
El valor de la cooperación de la Mujer en la venida de Jesucristo se ve manifestado en la iniciativa de Dios que a través del Ángel Gabriel revela su Plan de Salvación para que coopere con Él de forma consciente y libre y de su consentimiento generoso.
Vemos aquí el ejemplo más alto de cooperación responsable de la Mujer en la Redención del hombre, de la humanidad, formando una relación trascendente para toda afirmación sobre el rol y la función de la mujer en la historia.
La Bella María que realiza este modo de cooperación excepcional, muestra el modo a través de cual la mujer debe cumplir concretamente la Misión que tiene ella. Con el Anuncio del Ángel Gabriel, la Madre de Dios no tiene una conducta de reivindicación orgullosa, ni tampoco está buscando cumplir sus ambiciones personales.
El evangelista Lucas la presenta como una persona que solamente quería dar servicio humildemente, plenamente confiada al Plan Divino de Salvación. Este es el sentido de su contestación: ‘He aquí la Esclava del Señor; hágase en mí según tu Palabra’ (Lc. 1, 38).
La Bella María no acepta pasivamente, pues da su consentimiento solamente después de manifestar la dificultad que proviene de su propósito de Virginidad, inspirado su voluntad de pertenecer completamente a Dios.
Después de haber recibido la respuesta del Mensajero de Dios, la Hermosa María le expresa su disponibilidad, teniendo una actitud de servicio humilde. Aquí vemos el valioso servicio que humildemente muchas mujeres, siguiendo el Modelo de la Madre de Dios, dan en la Iglesia para que se desarrolle el Reino de Jesús.
Continuará…
Bendiciones…
*Catequesis del Papa Juan Pablo II, 6 de diciembre 1995
Proseguía su viaje, entraba ya en la ciudad, llegó a la Ermita de san Sebastián, y a la puerta principal, como aún hoy se ve contigua al real, al llegar enfrente de ella el mestizo bruto se dejó caer con su cajón en el suelo: pensó que era fatiga y rendimiento al peso que le oprimía, acudieron unos y otros a levantar a la mula, valiéndose de las fuerzas, ardides y diligencias que dicta el despecho y la impaciencia de los de aquel ejercicio.
Todo empeoró, fue en vano y cansados los sirvientes, hubo el dueño principal de entrar a la ciudad.
Notició a la justicia del caso, pidió se abriese en su presencia el cajón, y lo que en él hallasen quedara por autoridad depositado hasta en tanto constase de un legítimo dueño. Pasó la averiguación de un alcalde ordinario; mandó que descargasen la caja, se hizo y esto bastó para que se levantase la mula que estaba todavía en el suelo, ya buena y sana al parecer, pero muy a breve rato volvió a caerse muerta.
Pareció a todos efectos del trabajo y gran peso de la caja y abierto el cajón que contenía una hechura de Jesucristo Nuestro Redentor que representaba su gloriosa Resurrección y una cabeza y manos con rótulo que decía: “Nuestra Señora de la Soledad al pie de la Cruz…”
El Obispo ordenó que el rostro y las manos de la Virgen quedasen depositados en la Ermita de san Sebastián, por haber ocurrido frente a ella el incidente de la bestia, y que a la Ermita de la santa Veracruz (después Templo del Carmen de Arriba) se enviase la escultura de Cristo.
Por el origen que traía la recua, es de suponer que aquellas imágenes procedían de algún taller español. Iban con destino a Guatemala, según algunos opinan, y no venían de allí como frecuentemente se había creído; sin embargo, sería necesario un estudio más minucioso para determinar su origen.
Así se convirtió la Bella Virgen de la Soledad en Patrona de Oaxaca.
Pronto adquirió cuerpo el proyecto de levantar una Iglesia para culto de la Virgen, precisamente en el mismo lugar donde había tenido lugar aquel suceso; gracias a la magnificencia del rico arcediano don Pedro Otálora y Carvajal, se emprendió la fábrica del nuevo Templo que es uno de los más bellos del sur de México. Fue consagrado el 6 de septiembre de 1690 por el Obispo Sariñana.
Bendiciones…
La Luz, el Amor, la Paz de Jesús y de la Bella María
están en ustedes
Por: Thalia Ehrlich Garduño
En su Avocación de La Soledad, la Bella María es la Patrona de Oaxaca. Virgen tradicional como la de las Angustias, la Macarena, los Desamparados, o las imágenes de la Bella María que en Semana Santa pasean en andas por la calles de Andalucía, llevando velas alrededor y se hace un silencio impresionante que rompen las saetas de los creyentes.
Virgen española venida al continente Americano. La Religión necesitaba quitar idolatrías como la del Cacique de Yanhuitlán y gobernadores, y se afianzó por un hecho insólito que sucedió el 18 de diciembre de 1620 en la nueva Antequera (ciudad de Oaxaca).
Pueblos ansiosos de leyendas mágicas, del mundo sobrenatural de sucesos extraordinarios; así son nuestros pueblos. Un manuscrito de las monjas en el monasterio de la Soledad relata esta historia llena de un aire milagroso.
Para la provincia de Guatemala, desde el puerto de Veracruz, caminaba un dueño de recuas; y habiendo hecho algunas jornadas poco antes de la que faltaba para entrar en esta ciudad de Oaxaca, se incorporó sin saber cómo, entre las suyas, una mula que traía sobre sí un cajón atravesado.
Nadie pudo asegurar de dónde había salido, ni como se había allí introducido. Registró cuanto alcanzó la vista y no se vio persona que anduviese buscando dicha mula, ni aún otras cargadas o descargadas de quienes se presumiese se había separado.
Continuaron las jornadas, y el dueño de aquella recua propuso hacer luego manifestación del hallazgo ante el juez competente, porque algún día no le pasase perjuicio.
Continuará…
Hoy celebramos a la Bella María de la Soledad, Patrona de Oaxaca
Bendiciones…
Hoy celebramos 199 años de la independencia de México.
Gracias Jesús por mi México, gracias por tus bendiciones, tu Paz y tu Amor hacia cada uno de nosotros, mexicanas y mexicanos.
Danos siempre la capacidad de ver lo que hiciste, haces y sigues haciendo por México.
Que nuestras acciones como mexicanas y mexicanos sean guiadas por ti para hacer siempre tu Voluntad
Gracias Bella María de Guadalupe por cuidar a mi México. Llévanos a cada uno de nosotros a tu Hijo Jesús para que su Amor y su Paz nos iluminen siempre como personas, en nuestras familias y en nuestra Patria.
¡Viva México!
Bendiciones…
La Luz, el Amor, la Paz de Jesús y de la Bella María
están en ustedes
Por: Thalia Ehrlich Garduño
En la línea de la bula Munificentissimus Deus, el Papa Pío XII, el Concilio Vaticano II afirma que la Virgen Inmaculada, “terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la Gloria del Cielo” (Lumen Gentium, 59).
Los padres conciliares reafirmaron que la Bella María, a diferencia de las demás personas que mueren en Gracia de Dios, fue elevada a la Gloria del Padre también con su cuerpo.
Se trata de una creencia milenaria, basada en una larga tradición iconográfica que representa a la Madre de Dios cuando entra con su cuerpo en Cielo.
El Dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de la Doncella de Nazaret fue glorificado después de su muerte. En efecto, mientras que en las personas la resurrección de los cuerpos va a tener lugar en el fin del mundo, para la Hermosa Joven de Nazaret la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio.
El 1º de noviembre de 1950, al definir el Dogma de la Asunción, el Papa Pío XII no quiso usar el término “resurrección” y tomar posición en relación a la cuestión de muerte de la Doncella de Nazaret como verdad de Fe.
La bula Munificentissimus Deus solo se limita a afirmar la elevación del cuerpo de la Virgen María a la Gloria celeste y declara esa verdad “Dogma Divinamente revelado.”
¿Cómo no notar aquí que la Asunción de la Bella María forma parte desde siempre de la Fe de los cristianos, el cual afirmando el ingreso de la Joven de Nazaret al Reino Celestial, ha querido proclamar la glorificación de su cuerpo?
El primer testimonio de la Fe en la Asunción de la Bella María aparece en los relatos apócrifos titulados: “El Tránsito de María”, cuyo núcleo original se remontan a los siglos II – III.
Se trata de representaciones populares, a veces noveladas, que reflejan una intuición de Fe del pueblo de Dios.
A continuación se desarrolló una larga reflexión con respecto al destino de la Madre de Dios en el más allá. Esto, poco a poco, llevó a los creyentes a la Fe en la elevación gloriosa de la Hermosa María, en alma y cuerpo, y se instituyó en Oriente las fiestas litúrgicas de la Dormición y de la Asunción de la Madre del Señor.
La Fe en el destino glorioso del alma y del cuerpo de la Bella María, después de su muerte, desde Oriente se difundió a Occidente muy rápido y, desde el siglo XIV, se generalizó.
En el siglo XX, en vísperas de la definición del Dogma, era una verdad casi universalmente aceptada y profesada por las cristianas y los cristianos de todo el planeta.
Parte de la Catequesis del Papa Juan Pablo II, 2 julio, 1997
Bendiciones…
La Luz, el Amor, la Paz de Jesús y de la Bella María
están en ustedes
El regalo del Padre a la humanidad es su Hijo, Nuestro Señor Jesús que nos fue dado a través de la Hermosa Doncella de Nazaret, y justamente llamada por los Santos Padres: ‘Theotokos’ (Del griego: Theos, Dios; y tokos, madre; la que engendra, la que da a luz).
Alejandro obispo de Alejandría fue el primero en usar ese título, y que después les sirvió a ellos para designar a la Bella Madre de Dios: “Después de esto, profesamos la resurrección de los muertos, cuyas primicias fue Nuestro Señor Jesucristo, quien realmente y no en apariencia, tomó un cuerpo de María, la Madre de Dios, “Theotokos.”
(Carta Encíclica de Alejandro,
Obispo de Alejandría hacia el año 319).
Bendiciones…
Por: Thalia Ehrlich Garduño
Este artículo es para honrar a esa persona que significa mucho en la vida de todos los católicos: la Virgen María, Theotokos (Palabra griega que significa Madre de Dios).
Ella es el enlace con la Santísima Trinidad y nos ayuda a ser buenos cristianos, siendo Ella nuestro modelo.
La Bella María nos está repitiendo cada día lo que les dijo a los sirvientes en Caná: “Hagan lo que Él les diga”, para que recordemos esto siempre y hagamos la voluntad de Dios.
La Virgen nos enseña a orar a Dios y así podamos apreciar los Dones que Él nos da y agradecerle por ellos.
Ella nos está cuidando y su Amor es la llave para que cada persona pueda abrir la puerta del Cielo: Jesús.
La Hermosa María es Madre de Dios y también nuestra, Ella engendró a Jesús que es la cabeza de la Iglesia y al Cuerpo Místico que somos todos los cristianos. Ella intercede por la Iglesia todos los días, para que nos mantengamos en unidad con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Jesús es carne y sangre de la Bella María y nosotros nacimos de su corazón, porque la Maternidad que Dios le regaló en el Día de la Anunciación se extiende a cada persona de cualquier lugar, cultura y de cada época porque nosotros somos los hermanos menores de su Hijo.
La Santísima Trinidad la escogió como Madre de Jesús y le dio Dones para que le ayudara a su Hijo en el Plan de la Salvación. La Bella María sigue en este proyecto Salvífico y nos recuerda que vale la pena seguir a Jesús para ser felices aquí y en la Casa del Padre.
Cuando vemos a la Hermosa María en sus imágenes llenas de dulzura y Amor, se nos hace imposible pensar que Ella vivió una vida como la nuestra con sus diferentes obligaciones de ama de casa, siendo una Madre modelo para su Hijo y una buena esposa para el Buen José y ayudando a cada persona cuando la necesitaban.
En lo ordinario de la vida de la Bella María estaba lo extraordinario: Dios en persona.
Así como en lo ordinario de nuestras vidas está lo extraordinario de Dios.
Que la Bella María, 'Madre del Verdadero Dios por quien se vive' los lleve siempre de la mano con Jesús, su Hijo.
Un Feliz año 2009 lleno de salud
Bendiciones...
Por: Thalia Ehrlich Garduño
Su función como Madre afecta al Nacimiento y desarrollo de la Iglesia de su Hijo, los fieles recuerdan el lugar que tiene la Doncella de Nazaret en la vida de Cristo y descubren cada día su presencia eficaz en la vida cotidiana de cada persona.
Desde el principio la Iglesia aceptó la Maternidad Virginal de la Bella María.
Los primeros cristianos captaron de inmediato el significado importante de esta verdad, que nos enseña el origen Divino de Jesús, y fue incluida entre las afirmaciones básicas de su Fe.
En realidad, Jesús, Hijo de José según la Ley por una intervención extraordinaria del Santo Espíritu, en su Humanidad es Hijo únicamente de la Bella María, porque nació sin intervención de hombre alguno.
De esta forma, la Virginidad de la Doncella de Nazaret obtiene un valor extraordinario porque nos da una nueva luz acerca del Nacimiento y el Misterio de la Filiación de Jesús, ya que la generación Virginal es signo de que Cristo tiene como Padre a Dios mismo.
La Maternidad aceptada y proclamada por la Fe de los santos padres, nunca se separará de la identidad de Jesús, Verdadero Hombre y Verdadero Dios, pues nació de la Bella Virgen María como profesamos en el Credo Niceno constantinopolitano.
La Bella María es la única Virgen que es también Madre
Estos Dones con una presencia extraordinaria y en forma simultánea en la persona de la Joven de Nazaret llevó a los cristianos a llamar a la Hermosa María sencillamente: la Virgen, inclusive cuando celebran su Maternidad.
De esta forma, la Virginidad de la Bella María comienza en la Iglesia a difundirse la vida virginal, abrazada por las personas que Dios llamó a ella.
Este llamado tan especial alcanzando su cima en el ejemplo del Hijo de la Bella María, es para la Iglesia de todas las épocas, que ve en la Hermosa María su modelo e inspiración, una riqueza que no se puede calcular.
La afirmación: Jesús nació de María, la Virgen expresa que en este evento se encuentra presente un Misterio trascendental y que solamente halla su expresión más plena en la verdad de la Filiación Divina de Jesús.
Esta fórmula central de la Fe de la Iglesia tiene una unión estrecha con la verdad de la Maternidad Divina de la Doncella de Nazaret.
Ella es Madre del Verbo Encarnado, quien es Dios de Dios (…), Dios Verdadero de Dios Verdadero.
El título de Madre de Dios, atestiguado por Mateo en la expresión equivalente de Madre de Emmanuel, Dios con nosotros (Mt.1, 23), se le dio explícitamente a la Bella Virgen sólo después de una reflexión que se extendió alrededor de dos siglos.
Los cristianos del siglo III, en Egipto son los que empiezan a llamar a la Bella María como Theotokos… Madre de Dios.
Con este título, hay un eco en la devoción de la Iglesia, la Doncella de Nazaret se ve en su verdadera dimensión de su Maternidad: es Madre del Hijo de Dios y engendró virginalmente según la Naturaleza Humana y educando con su Amor de Madre contribuyó al desarrollo humano de la persona Divina, que hizo que se transformara el destino de toda la humanidad.
Así, con un gran significado, las más antigua plegaria de la Bella María: “Bajo tu amparo…” contiene el título con que la invocamos: Theotokos… Madre de Dios.
Esta Advocación no es una reflexión de los teólogos, sino una intuición de Fe de la Iglesia.
Los que aman, siguen y reconocen a Cristo como Dios, cuando oran y piden la intercesión de la Doncella de Nazaret, esperando obtener su ayuda en las pruebas de la vida, se dirigen a Ella como Madre de Dios.
El Concilio de Éfeso, en el año 431, siendo Papa san Celestino I, define el Dogma de la Maternidad Divina, dándole oficialmente el título de Theotokos a la Hermosa María, con referencia a la única persona de Cristo, Verdadero Dios y Verdadero Hombre.
Las tres expresiones con las que la Iglesia ha aclarado a través de estos dos milenios su Fe en la Maternidad de la Bella Virgen María:
v Madre de Jesús,
v Madre Virginal
v Madre de Dios.
Por lo tanto, revelan que la Maternidad de la Hermosa María está íntimamente relacionada al Misterio de la Encarnación.
Son afirmaciones doctrinales que tiene relación con la piedad popular, que ayudan a aclarar la identidad misma de Jesús.
Bendiciones...
Por: Thalia Ehrlich Garduño
El regalo del Padre a la humanidad es su Hijo, nuestro Señor Jesús que nos fue dado a través de la Hermosa Doncella de Nazaret, y justamente llamada por los Santos Padres: Theotokos (Del griego: Theos, Dios; y tokos, madre; la que engendra, la que da a luz).
Alejandro obispo de Alejandría fue el primero en usar ese título, y que después les sirvió a ellos para designar a la Bella Madre de Dios: “Después de esto, profesamos la resurrección de los muertos, cuyas primicias fue Nuestro Señor Jesucristo, quien realmente y no en apariencia, tomó un cuerpo de la Bella María, la Madre de Dios, “Theotokos.”
(Carta Encíclica de Alejandro, Obispo de Alejandría hacia el año 319).
En la Constitución Lumen Gentium, el Concilio afirma que, “Los fieles unidos a Cristo, su Cabeza, en comunión con todos los santos, conviene también que veneren ante todo la memoria de la Gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo Nuestro Dios y Señor” (n.52).
La Constitución Conciliar usa los términos del canon romano de la misa y así destaca el hecho de que la Fe en la Maternidad Divina de la Doncella de Nazaret se encuentra presente en el pensamiento cristiano desde los principio de los siglos. En la Iglesia que acaba de nacer, a la Bella María se le recuerda con el título de Madre de Jesús.
Lucas es el que le da este título en Hechos de los Apóstoles, que por lo demás, corresponde a lo que dice el Evangelio:
“¿No es éste (…) el Hijo de María?”, se preguntaron los habitantes de Nazaret, según el relato de san Marcos (6,3).
“¿No se llama su Madre María?”, es la pregunta que refiere san Mateo (13, 55).
Para los discípulos congregados, después de la Ascensión, el título de Madre de Jesús obtiene otro significado.
La Hermosa María es para ellos una persona única y especial: le fue dada la Gracia de engendrar al Hijo de Dios, vivió mucho tiempo con Él, y en el Gólgota, su Hijo le pidió que fuera Madre de Juan, su Discípulo amado y por medio de él, fuera Madre de todos los integrantes de su Iglesia.
Para las personas que creen en Jesús y lo siguen, “Madre de Jesús” es un título de Honor y Veneración que siempre será en la vida y en la Fe de la Iglesia.
De esta forma singular, quieren afirmar con este título, que nadie puede mencionar el origen de Jesús, sin reconocer el rol de la Mujer que lo engendró en el Santo Espíritu según la naturaleza humana.
(Catequesis del Papa Juan Pablo II, 13 septiembre de 1995)
Que la alegría de la Navidad siempre esté con ustedes.
Bendiciones...
Por: Thalia Ehrlich Garduño
La acción de Dios es una sorpresa en el caso de la Virgen María.
v La Bella María no tiene ningún título humano para recibir
el anuncio de la venida del Mesías.
v Ella no es el Sumo sacerdote, representante oficial de la religión judía, La Hermosa María no es un hombre, sino una Doncella sin influencia en la sociedad de su época.
v Además, Ella es de Nazaret, pueblo del que no se habla en el Antiguo Testamento y en el tiempo de Jesús y de su Madre María, no tenía buena fama, como lo leemos en el Evangelio donde Natanael dice: “¿De Nazaret puede salir algo bueno? (Jn. 1,46).
El carácter extraordinario y gratuito de la intervención de Dios, resulta más claro si se compara con el texto que escribió Lucas, que se refiere a Zacarías.
Este pasaje hace notar la condición sacerdotal de Zacarías y el ejemplo de vida de él y de Isabel, modelos de justos del Antiguo Testamento. “Vivian de acuerdo a todos los Mandamientos y leyes del Señor” (Lc. 1,6).
En cambio, el Evangelio no menciona el origen de la Doncella de Nazaret.
Con esta acción literaria, Lucas recalca que en Ella todo deriva de una Gracia soberana. Cuanto le ha sido concedido no proviene de un título de mérito, sino únicamente de la libre y gratuita predilección de Dios.
Al actuar así, Lucas evidentemente no desea poner en duda el excelso valor personal de la Virgen.
Más bien, quiere presentar a la Bella María como fruto puro de la bondad de Dios, quien tomó de tal manera posesión de Ella, que la hizo, como dice el Ángel, “Llena de Gracia.”
La abundancia de Gracia funda la riqueza espiritual que atesora la Bella Doncella.
En el Antiguo Testamento, Yahvéh revela la sobreabundancia de su Amor en muchas maneras.
En el principio del Nuevo Testamento, en la Bella María la gratitud de la Misericordia Divina alcanza su grado más alto.
En Ella, la predilección de Dios, que se ha manifestado en el pueblo escogido, en particular a los humildes y a los pobres, llega a su culmen.
La Iglesia, alimentada por la Palabra del Señor y por la experiencia de los santos, exhorta a cada creyente a mirar a Theotokos* para sentirse con Ella amados por Dios.
Los invita a imitarla siguiendo su ejemplo y por su intercesión, puedan perseverar en la Gracia de Dios que santifica y cambia los corazones.
*Madre de Dios.
Jesús viene a los corazones que lo reciben con Fe y alegría. Bendiciones…
Feliz
Navidad
Por: Thalia Ehrlich Garduño
En el relato de la Anunciación, la primera palabra que dice el Ángel cuando saluda a la Bella María: ‘Alegrate’ invita a la alegría que remite a los oráculos del Antiguo Testamento dirigidos a la hija de Sión.
Se puede explicar también los motivos en los que se funda esta invitación:
v La presencia de Dios en medio de su pueblo
v La venida del Rey Mesías
v Y la fecundidad Materna
Estos motivos encuentran en la Hermosa María su pleno cumplimiento. El Ángel Gabriel dirigiéndose a la Doncella de Nazaret, después del saludo (Xaire, Alégrate) la llama (Kexaritomene) “La Llena de Gracia.”
Estas palabras del texto griego Xaire y Kexaritomene tienen una profunda conexión entre sí: la Hermosa María es invitada a alegrarse sobre todo porque Dios la ama y la ha colmado de Gracia con vistas a la Maternidad Divina.
La Fe de la Iglesia y la experiencia de los santos enseñan que la Gracia es la fuente de alegría y que la verdadera alegría viene de Dios.
En la Bella María, como en cada cristiano, el Don Divino es causa de profundo Gozo.
Kexaritomene: Esta palabra dirigida a la Bella María como una calificación propia de la Mujer destinada a convertirse en la Madre de Dios.
La constitución Lumen Gentium lo recuerda cuando afirma: “La Virgen de Nazaret es saludada por el Ángel de la Anunciación por encargo de Dios, como “Llena de Gracia” (56).
El hecho de que el Mensajero Celestial la llame así concede al saludo del Ángel un valor más alto: es la manifestación del Misterioso Plan Salvífico de Dios con relación a la Doncella de Nazaret.
La Encíclica Redemptoris Mater escrita por S.S. Juan Pablo II, dice: “La Plenitud de Gracia indica la dadiva sobrenatural de la que se beneficia María porque ha sido elegida y destinada a ser Madre de Cristo” (9).
“Llena de Gracia” es el nombre que la Hermosa María tiene a los ojos de Dios. Al leer la narración de Lucas, el Ángel lo usa incluso antes de pronunciar el nombre de María, poniendo en relieve el aspecto principal que el Señor ve en la personalidad de la Bella Doncella de Nazaret.
La expresión “Llena de Gracia” traduce la palabra Kexaritomene, la cual es participio pasivo. Así pues, para expresar con más exactitud el matiz griego, no se debería decir simplemente “Llena de Gracia”, sino “Hecha de Gracia” o “Colmada de Gracia”, lo cual indicaría claramente que se trata de un Don hecho por Dios a la Virgen María.
El término en la en la forma de participio perfecto, expresa la imagen de una Gracia perfecta y duradera que implica Plenitud. El mismo verbo, en el significado de “Colmar de Gracia”, es usado en la carta a los Efesios para indicar abundancia de Gracia que concede el Padre en su Hijo amado (Efe. 1,6). María la recibe como primicia de la Redención (Redemptoris Mater, 10).
La acción de Dios es una sorpresa en el caso de la Virgen María.
Ya Cristo viene, señales da...
Bendiciones...
Feliz
Navidad
Por Thalia Ehrlich Garduño
El anuncio del nacimiento prodigioso del Emmanuel, la Mujer que concibe y da a luz indica que hay una intención de la Madre en el destino de su Hijo, un príncipe que está destinado a establecer el Reino mesiánico y permite sospechar la voluntad de Dios, donde se destaca el papel de la Mujer.
El signo no se refiere solo al Niño, también habla de la Concepción extraordinaria que se revela después del parto, un acontecimiento lleno de Esperanza donde se subraya el papel de la Mujer.
El oráculo del Emmanuel abre la promesa hecha a David, la que podemos leer en el segundo libro de Samuel. El profeta Natán le dice al rey, el favor divino para su descendiente: “Él me construirá una casa y yo afirmaré su poder para siempre. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo”
(2 Sam.7, 13-14).
Ante el linaje de David, Dios quiere tener una función paterna y se manifiesta plena y auténticamente en el Nuevo Testamento con la Encarnación del Hijo de Dios, descendiente del rey David.
El profeta Isaías, en un texto bíblico muy conocido reafirma lo excepcional del nacimiento del Mesías: “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro y es su nombre: Maravilla de consejero, Dios fuerte, Padre perpetuo, Príncipe de paz”.
Los nombres que Isaías le da al Niño, expresan las cualidades de su Misión real: Sabiduría, Benevolencia paterna y Acción de paz.
Aquí no es nombrada la Madre, pero se exalta al Hijo, que da al pueblo todo lo que se puede esperar en el Reino Mesiánico, lo comparte también que lo concibe y da a luz.
El profeta Miqueas también se refiere al nacimiento del Mesías: “Pero tú Belén de Efrata, aunque eres la más pequeña de entre todos los pueblos de Judá, tú me darás a aquel que debe gobernar a Israel; cuyo origen se pierde en el pasado, en épocas antiguas. Por eso si Yahvéh los abandona es sólo por un tiempo hasta que aquella que debe dar a luz tenga a su hijo…” (Mi. 5,1-2).
El favor que Dios concedió a los humildes y a los pobres preparó de una forma general la Maternidad Virginal de la Bella María. Ellos al poner su confianza en el Señor, anticipan el significado profundo de la Virginidad de la Madre de Dios, que no esperó solamente una fecundidad física, sino que se dejó llevar por Dios para que fuera fecundada por su Gracia en cada momento de su vida.
Así pues, el Antiguo Testamento no contiene un anuncio formal de la Maternidad Virginal, que se revela totalmente en el Nuevo Testamento. Sin embargo, el oráculo de Isaías (Is. 7,14) prepara la revelación de este Misterio, y, en este sentido se precisó en la traducción griega del Antiguo Testamento.
El Evangelio de Mateo, citando el oráculo traducido de esta manera, proclama su perfecto cumplimiento mediante la Concepción de Jesús en el seno de la Hermosa María.
Bendiciones...
Hablando de la Bella María en el Antiguo Testamento, el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, 55) se refiere al texto de Isaías que atrajo de modo particular la atención de los primeros cristianos:
“He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel” (Is. 7,14).
En el contexto donde el Ángel invita al Buen José a tomar a la Hermosa María como su esposa, “Porque lo engendrado por ella es del Espíritu Santo” Mateo da un significado cristológico y mariano al oráculo. Y añade: “Todo esto ha pasado para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: Sepan que una virgen dará a luz a un hijo y los hombres lo llamarán Emmanuel que significa: Dios con nosotros” (Mt. 1,22-23).
La traducción griega dice virgen (parthenos) precisando con ello el término hebreo (almah) que designa a una muchacha casadera o a una joven recién casada sin decir más. Pero el texto griego es un testigo de alto valor de la antigua interpretación judía que quedó escrita en el Evangelio de Mateo 1,23.
Aquí está el anuncio de la Concepción Virginal de Jesús, e Isaías la presenta como un signo Divino (Is. 7, 10-14), suscitando la espera de una Concepción Extraordinaria.
Una mujer joven casada que espera un bebé, es de lo más normal. Por otra parte, Isaías no menciona de ninguna manera al esposo. Esta formulación sugería por tanto, la interpretación que después se da a la versión griega.
En el contexto original, el oráculo de Isaías 7,14 constituía la respuesta Divina a la falta de Fe del rey Ajaz, que frente a la invasión de los ejércitos de reyes vecinos, buscaba su salvación y la del reino en la protección de Asiria. Isaías le aconseja que ponga su Fe en Dios y que dijera que no a la intervención de Asiria, el profeta lo invita a un acto de Fe en el poder Divino: “Pide para ti una señal al Señor tu Dios…”
Él rechaza a Isaías y prefiere la ayuda humana y entonces el profeta anuncia el célebre oráculo: “¡Oigan herederos de David! ¿No les basta molestar a todos, que también quieran cansar a mi Dios? El Señor Dará una señal: La virgen está embarazada y dará a luz un varón y le pone el nombre de Emmanuel” (Is. 7, 13-14).
El signo de Emmanuel, “Dios con nosotros” es la promesa de la presencia de Dios en la historia y tiene su pleno significado en el Misterio de la Encarnación del Verbo.
(Catequesis del Papa Juan Pablo II, enero 1996)
Bendiciones...